EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

LAS EMOCIONES.
Después de leer bastante, he llegado a la conclusión de que emoción es aquello que sentimos antes de pensarlo, que tiene un correlato fisiológico y que compartimos con los animales. Tiene, pues, que ver con la parte más antigua del cerebro. Otra de sus características es que, si nos permitimos sentirlas, son intensas pero no duran mucho. Las emociones universales reconocidas son: Dolor- Miedo- Alegría e Ira. Algunos autores incluyen la Sorpresa y el Asco. Se dicen universales porque son comunes a las diferentes culturas.

LOS SENTIMIENTOS.
En los sentimientos las sensaciones físicas no son tan claras. Interviene más lo cognitivo (cerebro reciente). Hay muchas, muchísimas, y muchos matices: enojo, contento, gozo, melancolía, desasosiego, añoranza, cautela, indignación, interés…. Se diferencian también de las emociones en que son duraderos en el tiempo.

EMOCIONES BUENAS Y EMOCIONES MALAS.
Esto se ha venido afirmando. No estoy de acuerdo en esta dicotomía. Todas las emociones son buenas, todas tienen una función de ayuda al organismo. Observemos dos de las que tienen “mala fama”….

EL DOLOR:
Sanamos nuestras heridas, nuestras pérdidas, a través del dolor. En el dolor tendemos a retirarnos del ambiente y en soledad nos curamos. No podemos permitirnos perder energía hacia fuera. Instintivamente nos retiramos hacia dentro para recuperarnos. Necesitamos un tiempo para readaptarnos. Pasado el tiempo necesario, atravesado el dolor, nos incorporamos al medio. Ya estamos preparados para relacionarnos otra vez.

El dolor es una emoción que nos sirve para sanar, pero solemos evitarlo. No queremos vivirlo, lo negamos. Con lo cual, y paradójicamente, alargamos nuestro sufrimiento. ¿Qué le ocurre a nuestra cultura que trata, a toda costa, de evitar el dolor?

Uno de los muchos ejemplos que tengo en la consulta:
Mujer de treinta y tantos años. Su marido murió de repente hace año y medio. La relación de pareja era buena. Viene con síntomas de trastorno depresivo. Me cuenta que se comportó “como una mujer fuerte”, de un modo “ejemplar” al decir de algunos. No se permitió “venirse abajo”, ella tenía que “seguir para delante”… ¿Qué pasó? Logró descubrir que las emociones no desaparecen negándolas. Pudo aceptar, vivir, atravesar, su inmenso dolor. Retirarse hacia dentro. Elaborar su duelo y, al fin, volver a la vida. También aprendió que dolor, tristeza, no es lo mismo que depresión. En el dolor hay energía. Lo característico de la depresión es la falta de energía.

Aprendió que, si nos atrevemos a aceptar el dolor, este pasa, no dura tanto como pensábamos. Y, si nos hemos atrevido a llorar, nos sorprenderemos siendo capaces de reír.

No es lo mismo tristeza que depresión. La tristeza, el dolor, es natural, sano, la depresión no.

Sócrates en el Fedón de Platón:
“Qué cosa más extraña, amigos, parece eso que los hombres llaman placer. Cuán sorprendentemente está unido a lo que asemeja su contrario, el dolor.
Los dos a la vez no quieren presentarse en el ser humano, pero, si se persigue a uno y se le coge, casi siempre queda uno obligado a coger el otro”

Algunos filósofos pre- socráticos, ya hablaban de la dialéctica de la vida:
    · La enfermedad hace agradable y buena la salud.
    · El hambre hace agradable y buena la saciedad.
    · El cansancio hace agradable y bueno el descanso.
He recogido esta cita porque me parece muy interesante: la realidad es dual. No es posible tomar una parte y dejar otra. A este respecto, recomiendo la aportación del filósofo A.Wats en su libro: “La sabiduría de la inseguridad”. Su tesis es que los organismos más evolucionados hemos adquirido más sensibilidad. Somos más sensibles al placer pero también al dolor. No es posible renunciar a uno sin tener que renunciar también al otro).

LA IRA.
La ira es una emoción necesaria. Sirve para afirmarnos, para defender lo que es nuestro, a lo que tenemos derecho… ¡Pobre de aquel que piensa que la ira es una emoción mala! Primero, como no podrá evitar sentirla, tendrá que gastar mucha energía en reprimirla. Cuando “se le escape” de sus estrictos límites, se sentirá mal, se descalificará como “una mala persona”, y volverá a ocultarla con más fuerza.

La respuesta de ira se produce cuando un organismo se ve bloqueado en la consecución de una meta o en la satisfacción de una necesidad, cuando nos sentimos injustamente tratados.
Como en la vida laboral o privada es imposible no encontrarse con abusos, fricciones, sentirnos, con o sin razón, mal-tratados, seguirá negándose a sí mismo no sólo expresarla sino incluso sentirla. Como se niega a sí mismo y no “defiende su territorio”, la sensación de ciudadano de segunda, inadecuado, indefenso y atrapado aumenta…

¿Exagero? Lo veo con mucha frecuencia. Muchas veces esa negación está instaurada en la infancia: al niño se le prohíbe sentir su enfado o su rabia o su ira… Estoy diciendo: se le censura por sentir lo que siente. No por lo que pueda hacer, que ese es otro asunto….La función de la educación es enseñar el adecuado manejo, la expresión, de su sentir. Otro fenómeno que observo es el de las nuevas generaciones de hombres, de varones. En su loable afán de huir del machismo, han expulsado de sus registros esta emoción. Transitan por la polaridad de lo dulce, lo suave, lo blando… Es valioso, recuperar esa parte negada, pero incompleto. Tienen una tarea pendiente de integración de ambas polaridades.

Uno de mis objetivos en terapia es ayudar a la persona a recuperar el derecho a sentir lo que siente. A expresar su ira, sin dañar al otro pero sin reprimirla y dañarse a sí mismo. Poder expresarse de un modo asertivo. Poder defenderse.

Otra emoción mal vista es:

EL MIEDO.
Pero gracias al miedo los seres humanos hemos llegado hasta aquí. El miedo nos salvaguarda a nivel individual y a nivel de especie. Sólo cuando traspasa ciertos límites se convierte en un problema. Y de eso hablaremos más adelante.

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