Hay un orden natural de los sucesos, de los hechos que nos toca vivir…Si lo seguimos, nos sentimos
en paz y plenos….En armonía con la Vida…
Por ejemplo, una pareja, después de un tiempo
“siente” que ha llegado el momento de plasmar su amor
en
“algo” concreto y tienen un hijo.
Antes de que esa pareja fuera adulta, el orden natural fue que los padres cuidaran al hijo y que
este, al crecer, mirara a sus padres y les dijera profundamente: GRACIAS. Y de esta manera puede
despedirse, vivir su propia vida de adulto hasta encontrar una mujer, o un hombre, con la que
formar una nueva familia.
Y esa nueva familia es la prioritaria porque ya es un hombre adulto, o una mujer adulta, un marido,
un padre…
Hay personas que, por diferentes circunstancias, miedo, padres muy absorbentes etc., no pueden
hacer ese movimiento de “despedirse” de los padres, con amor y agradecimiento, para vivir su propia
vida. Permanecen en ese estado infantil o inmaduro “mirando” a sus padres y no a su propia vida o
a su propia familia.
El
“Orden Natural” es de otra manera: Los padres, y en el mundo animal se ve muy claro, crían y
protegen a sus hijos, pero cuando llegan a la edad adulta, cumplida su tarea, sueltan al hijo o
incluso lo empujan fuera del nido para que vuele con sus propias alas…
La salud, la armonía, la satisfacción la alcanzamos cuando fluimos en este orden natural de los
acontecimientos. El no hacerlo siempre trae complicaciones.
Recuerdo unos hermosos versos del poeta Khalil Gibran en los que describe como nuestros hijos no
son nuestros sino de La Vida. Los criamos con amor durante un tiempo para después devolverlos a La
Vida que es a donde pertenecen….
| “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas
de la vida deseosa de si misma. No vienen de ti sino
a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen”. |
Conviene recordar que cada persona ha de buscar su propio sentido vital y que si un hijo tiene que
dar sentido a la vida de sus padres lleva un enorme peso encima que le imposibilita experimentar
plenamente su propia vida y encontrar el sentido de su propia existencia.
Un enorme acto de amor que podemos hacer para nuestros hijos, el que culmina y potencia todos los
anteriores, es permitirles o incluso animarlos a que vuelen por su cuenta, a que “experiencien”
su propio destino, que no es el nuestro...
Pedir que se queden con nosotros, sacrificando lo suyo: su experiencia, su trabajo, sus relaciones,
sus sueños, sus proyectos…para nuestro consuelo, o nuestra satisfacción es un acto de egoísmo que
va
EN CONTRA DEL SENTIDO DE LA VIDA QUE SIEMPRE FLUYE HACIA DELANTE…
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