Los niños no saben gestionar el dolor. Entonces, su manera de resolverlo es disociarse: se separan
de sí mismos y así no sienten. Y eso….¡Está bien! Es su manera de sobrevivir ante unos hechos que
los sobrepasan. Siempre tendemos a buscar “lo mejor dentro de lo que hay”… El problema aparece
cuando este recurso puntual se mantiene congelado en el adulto. No evoluciona y persiste en esa
posición.
Este adulto que no siente dolor pero tampoco otras emociones con intensidad. Se siente “aislado de
la vida” “aburrido” “apático”…
La manera de salir es un movimiento profundo en el que se re-integre a la vida volviendo a sentir.
A veces lo intentan con sinceridad, quieren hacerlo pero no pueden y siguen “anestesiados” ,
“congelados”,su vida “no tiene color”…Y es que no saben el secreto.
El secreto para volver a sentir del todo… A integrarse plenamente en la corriente de la Vida…Es
decir sí, al dolor.
Decir SÍ AL DOLOR ES EL PRECIO para recuperar LA SENSIBILIDAD.
El dolor es uno de los ingredientes básicos de la Vida. Forma parte de las emociones básicas y
universales en todas las culturas.
Experimentamos la existencia a través de nuestras sensaciones y afectos. Estar en contacto con
ellas es lo que nos pone en contacto con nuestra vitalidad. Experimentamos la vida con el cuerpo,
no con el pensamiento y ahí conectamos con el gusto de vivir. Pero vivir y sentir exige un precio:
el dolor. No sirve decir sí a todas las sensaciones menos al dolor. Van en bloque. Si queremos
sentirnos vivos y experimentar el éxtasis, el placer y el goce, hemos de aceptar sentir también
todos los matices del dolor.
Y recordemos que el niño no sabe gestionar el dolor, pero el adulto sí. El adulto es capaz de sentir
esta emoción básica y universal sin destruirse….dejarla atrás hasta la próxima…¡Y seguir vivo!
*********